El Indec difundió datos de desempleo que muestran el mayor descenso en materia de desocupación desde 2002. Si bien la cifra es alentadora, emerge el debate por la calidad del empleo: según Ecolatina, un 60% de los puestos que se habían generado desde la llegada de Mauricio Macri correspondía a cuentapropistas.

Desde el Gobierno suelen fomentar el emprendedurismo, al punto que el ministro de Producción, Francisco Cabrera, llegó a declarar: “Queremos un país con 40 millones de emprendedores”.

Sin embargo, hay realidades diferentes. PERFIL entrevistó a un grupo de personas que perdieron su trabajo en relación de dependencia y se lanzaron por sus medios, y la suerte es bastante dispar, con una pérdida importante de ingresos en la mayoría de los casos.

Venta ambulante. Evangelina Cebollero tiene 38 años y hasta principios de este año trabajó en el Sistema Federal de Medios. Pese a tener un contrato anual, contaba con todos los beneficios del trabajo en blanco. El 2 de enero, Evangelina se enteró por teléfono de que se quedaba sin trabajo.

Al poco tiempo, empezó a hacer sándwiches, empanadas y ensaladas de frutas, que luego vende, en forma ambulante, por su barrio (Monserrat) y distintas zonas de la Ciudad. Sin embargo, Evangelina afirma que no es fácil la situación: “Gano mucho menos de lo que ganaba antes y encima la policía no te deja estar en tal lugar o en el otro. No dejan trabajar a los que queremos emprender”, se queja.

Emprendedor tech. Al momento de perder su empleo, Eduardo Rotbard tuvo como red un emprendimiento que venía desarrollando desde 2013. “Soy especialista en sistemas desde hace treinta años, y durante estas décadas tuve clientes importantes”, contextualiza Eduardo. “En 2002 empecé a trabajar para una empresa del rubro textil/calzados como responsable de un proyecto de sistemas. En 2012 mis jefes me propusieron una quita de horas en mi trabajo y ahí comencé, en paralelo, mi proyecto Integra Cómex, por medio del cual hago seguimiento automático de operaciones aduaneras”. Cuando a fines de 2017 la compañía para la que trabajaba en relación de dependencia decidió un achicamiento, empezó a dedicarse por completo a su proyecto. “Desarrollar un emprendimiento exitoso no es una pavada. Me llevó años”, añade Eduardo, de  55 años.